Todas somos Harley Quinn

Actualizado: abr 1

Hace apenas unos años que supe de la existencia de Harley Quinn. Obviamente la conocí como la novia del villano más popular de Batman, Joker… o el Guasón para quienes crecimos viendo a Jack Nicholson haciendo ese papel en canal 5.


La conocí porque Margot Robbie la encarnaría en una película que no planeaba ver y después de leer las críticas menos, Suicide Squad. Entonces supe que no sólo era la novia del payaso, sino que estaba obsesionada con él y que a Robbie le habían puesto unos outfits que dejaban sus nalgas al aire. Menos la iba a ver, ni cualquier película que hicieran al respecto.


Pero, oh sorpresa, decidieron darle el proyecto, llamado Birds of Prey and the fantabulous emancipation of one Harley Quinn a una directora (Cathy Yan) y a una guionista (Christina Hodson), justo en 2020, el año en el que me reté a ver 365 películas dirigidas por mujeres (pueden checar las listas aquí y aquí). Así que aquí estamos.





La película inicia dejándonos claro que Harley ya no es la novia del Joker, de hecho, acaban de separarse. Después del rompimiento, la antiheroína más colorida del universo DC, vaga por la ciudad buscando definir su identidad después de participar en una relación tóxica y codependiente. Al mismo tiempo, intenta escapar de los muchos hombres que tienen deseo de venganza ahora que su ex ya no la protege.


Harley, quien es también la narradora, se defiende con un modo de pelea muy acrobático, que no se siente irreal, y con armas que en vez de balas sueltan glitter y pintura de colores estridentes (nunca se ve sangre en la cinta, pero otra vez, es la visión de ella).


En el transcurso de la película, Harley se hace de cuatro amigas, quienes forman las Birds of Prey: Black Canary (Jurnee Smollett-Bell), The Huntress (Mary Elizabeth Winstead aka Ramona Flowers), Renee Montoya (la siempre espectacular Rosie Perez, vayan a ver sus películas con Spike Lee). Juntas luchan para proteger a Cassandra Cain (Ella Basco que, dato curioso, es la sobrina del actor que hizo el papel de Rufio en Hook), una adolescente perseguida por Roman Sionis (un delicioso y caricaturesco Ewan McGregor).





Es película de superhéroes, así que ya saben cómo termina. Lo interesante de la propuesta es que las amistades que Harley hace en el camino sean mujeres y que todos los villanos y enemigos sean hombres. Esto ha recibido muchas quejas de los ‘fans de cómics’ que consideran que la película peca de misándrica.


Por supuesto yo no lo siento así, la película me divirtió y me hizo sentir empoderada, es bueno ver que son las mujeres (sin necesidad de ser claramente buenas ni malas) las que se defienden de la violencia que, en el mundo real, ejercen de forma tan desproporcionada los hombres.


Hay una escena maravillosa con la que cualquier mujer que haya llevado el cabello largo se identificará. En medio de una batalla, el cabello de una de Black Canary le estorba para patear adecuadamente a los villanos, y Harley le ofrece una liga para amarrarse el cabello. Mujeres, sororidad y feminismo encapsulado en una escena perfecta.


El problema que le veo a la cinta, es que intenta replicar lo orgánico de esa escena en todo momento. Las ‘amistades’ se sienten un poco artificiales, así como darle una historia poco explorada a cada una de las chicas que acompaña a Harley, lo que a veces hace que se pierda un poco el hilo narrativo.


A pesar de ello, hay momentos genuinos que la salvan. La paleta de colores es espectacular y divertida, el vestuario es cómodo y aspiracional (quienes dicen que Margot Robbie no se ve guapa en esta película, necesitan lentes nuevos), y dejan abierta la puerta para una secuela que promete.


Lo más importante: ese estado de reinvención después de un rompimiento, encontrar consuelo en otras mujeres y salir adelante juntas… Todas lo hemos vivido, todas hemos sido Harley Quinn.





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