Las cubanas no cogemos rico

Cuando digo, o alguien dice, que soy cubana, medio cubana, o cualquier comentario que haga alusión a la isla donde nací, las miradas (sobre todo masculinas) brillan.


Sé perfectamente lo que piensan, y no porque yo me crea cosas, sino porque consumo medios mexicanos y sé cuál es la idea que existe de las cubanas: es fácil llevarlas a la cama y cogen bien.


Bueno, hasta yo creía eso cuando era adolescente. Pensaba que las cubanas eran así, solo no las de mi familia ni ninguna que yo conociera, pero que sí debían ser así, porque pues sino de dónde salió la idea.


Este estereotipo que es tan común en los medios (desde Rosita Fornés hasta Niurka han perpetuado la idea a su manera), se mezcla con lo político. Las condiciones económicas en la isla han llevado a miles de mujeres a prostituirse con cualquier turista que le pueda pagar 30 dólares, y lo mejor de todo, a hacerlo sentir que no es prostitución.


Pero no solo es una idea de los mexicanos y su mirada exotizadora hacia nosotras. También es una idea perpetuada por los mismos cubanos, solo hay que escuchar algunas salsas, reggaetones y poemas para saberlo.


Cuando tuve sexo por primera vez, me preocupaba mucho no cumplir con las expectativas que mi pareja pudiera tener dada mi cubanía. A él no pareció importarle, pero esa preocupación me ha acompañado con nuevas parejas, porque está tan presente.


Me tomó años, pero por fin me he liberado de muchos de los estereotipos que acompañan a mi identidad de migrante cubana.


Algunas cubanas bailamos y otras no. Algunas somos carismáticas y otras no. Pero en lo que a nuestras vidas sexuales refieren, no 'cogemos rico'. O sí, pero no con cualquiera. Porque coger rico es cosa de química, de comunicación, es cosa de dos.


Las cubanas no cogemos rico. Las cubanas no somos lo que piensan, tanto como las mexicanas no son lo que los gringos piensan.

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