'Jerónimo', o cómo un documental sobre Cuba me convirtió en fan de BTS

Si me siguen en redes sociales, o son amiguis de la vida real, saben que en los últimos meses he caído en el hoyo llamado BTS. Y no solo mis amiguis me preguntan cómo pasó eso, yo misma me lo cuestiono, cuando volteo a ver las cosas que hay de la banda en mi escritorio, o cómo la comida coreana ha entrado a mi refrigerador.

Todo empezó un día de noviembre en el que una amiga me enseñó una canción y YouTube, que nos escucha, decidió empezar a recomendarme un buen de videos sobre BTS. Uno que llamó mi atención revelaba que ellos aportaron 5,000 millones de dólares a la economía coreana en 2019. Eso me voló la cabeza.

Unos días después, un amigo me recomendó un documental llamado Jerónimo y ¡oh sorpresa! Era sobre la migración coreana en Cuba… ¿qué? ¿Hubo migración coreana en Cuba? Entre mi reciente interés en algo coreano, mi cubanía y mi obsesión con las historia de migrantes, era el documental ideal para mí.

Jerónimo sigue a un joven documentalista coreano-americano, Joseph Juhn, que decidió viajar a Cuba en el momento en el que Obama abrió las puertas a que los estadounidenses visitaran la isla (por ahí de 2016).

Por pura casualidad, la mujer que lo fue a recoger al aeropuerto le resultó familiar y le preguntó si era coreana. No solo ella era (es) coreana, nacida en Cuba, sino que es la hija de Jerónimo Lin Kim, un cubano, hijo de coreanos, que nació en 1926 y estudió en la universidad con Fidel Castro.

Aunque no forma parte de la historia cubana oficial, como muchos otros, su ayuda fue invaluable para el desarrollo de la Revolución. Eso ya es super interesante, pero el corazón del documental se encuentra en el legado de Jerónimo, su deseo de unir a las generaciones de coreanos-cubanos, enseñarles el idioma, ayudarlos a conocer el país de su origen, y por supuesto, bailar y cantar a BTS.

Historia mini mini mínima de Corea

El documental de Juhn me hizo entender muchas cosas, al dar un breve recorrido por la historia de Corea. No sé si a ustedes les pasaba, pero yo antes sentía que los coreanos eran demasiado americanizados y que, a diferencia de China o Japón, no parecían tener tradiciones, sino puro k-pop y k-beauty y electrónicos. Obviamente era la más ignorante, pero eso no es pecado.

Les hago un recuento muy corto y probablemente ignorante de la historia de Corea. El país se encuentra en una península, y así chiquito como es, está rodeado de tres enormes potencias imperiales: China, Japón, y Rusia. Durante siglos, ha habido una lucha entre Corea y estos imperios que han intentado adueñarse de ellos, y en ocasiones lo han logrado. Un ejemplo del impacto de estas invasiones es que en las escuelas se enseña el hangul (alfabeto coreano) pero también el alfabeto chino.

Total que cuando empezó el siglo XX, Japón invade Corea y se queda ahí por décadas. Es en esta época que se da una enorme diáspora, con cientos de coreanos llegando a México con la promesa de hacer dinero, que terminaron en Yucatán trabajando el henequén. De ahí, algunos se fueron a Cuba, donde las cosas parecían más fáciles. Siempre con el sueño de volver a Corea, cuando las cosas estuvieran mejores.

Pero ese sueño nunca se cumplió, porque Japón se fue de Corea hasta 1945 (¿adivinan el motivo?) y en medio del drama de la post guerra, la península entra en guerra consigo misma y termina dividida en dos países que continúan en un conflicto bélico hasta el día de hoy. La Corea de la que salieron ya no existía, las familias se quedaban divididas y volver significaba elegir a uno de los dos nuevos países: Corea del Sur (en donde la influencia estadounidense marcó a la cultura) o Corea del Norte (donde el apoyo vino de parte de la URSS).

Así le pasó a la familia de Jerónimo, y a un viejito coreano que entrevistan en el documental. Con 97 años y habiendo pasado toda su vida en Centro Habana, el señor afirma que él nació en Cuba, habla español y ama Cuba, pero que no es cubano, él es coreano porque su madre y su padre lo fueron.

Porque los coreanos son muy, muy, muy arraigados a sus tradiciones, a su idioma, a su cultura y a su comida. Aunque nunca hayan pisado Corea.

Coreanos, cubanos y algo más

Jerónimo me hizo sentir muy cercana a los coreanos. No solo a los que se fueron a Cuba sino a los que se fueron en general y ya no pudieron volver, pero se quedaron con sus tradiciones.

Me parece irónico y tierno que se hayan ido a un país que, dentro de pocos años, también tendría a un alto porcentaje de su población en diáspora. Se calcula que en Estados Unidos viven dos millones de coreanos y dos millones de cubanos también.

Algunos de los nietos de Jerónimo volvieron a Corea del Sur, a cumplir el sueño del legado de su abuelo. Otros se fueron a Miami, a continuar con su destino como cubanos. Y mientras tanto en Cuba, se quedan los centros de cultura coreana, los jóvenes escuchando k-pop, y el deseo de encontrar la identidad propia cuando no perteneces del todo a ningún país.

Y fue por este documental que decidí empezar a consumir más contenidos de Corea, aprender un poco de su historia, entender qué era eso del k-pop, explorar su cine más allá de Parasite. De esto ya va a ser un año y pos aquí andamos, en tías coreanas como dice una amiga.

Jerónimo, lamentablemente, es muy difícil de encontrar. Está disponible en Amazon Prime pero solo en el catálogo de Estados Unidos, así que para verlo lo más fácil es usar un VPN, porque en páginas tipo Cuavana no está. (O si ustedes lo encuentran POR FAVOR pasen el dato, quisiera volverlo a ver).





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